01 dic 2011

Carta desde el desierto – Navidad 2011

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Nacerá Jesucristo donde jamás ha nacido

Queridos amigos de la misión.

“¡Oh Dios!, que has iluminado esta noche santa con el nacimiento de Cristo, la luz verdadera; concédenos gozar en el cielo del esplendor de su gloria a los que hemos experimentado la claridad de su presencia en la tierra.”

Con una emoción difícil de explicar, os escribo, ya a las puertas de Nochebuena, desde el campamento de refugiados de Godere a sólo trece kilómetros de la frontera con Somalia.

Hace ya dos meses que vivo aquí  junto a cuatro maravillosas hermanas Misioneras de la Caridad en este campamento de más de veinte mil hombres, mujeres y niños, y más que van llegando todos los días después de caminar jornadas interminables huyendo del hambre, la sequía y sobre todo la guerra.

Ante mis ojos han circulado incontables convoyes militares etíopes camino de la frontera con toda la maquinaria pesada imaginable camino del frente, de la batalla…, así es el sinsentido de la guerra.

Y sin embargo, en este secarral inhóspito donde tantas gentes malviven vidas de bestias, peor que los animales, aquí nacerá Jesús, el Hijo de Dios “el que tenía que venir al mundo”; nacerá donde nunca antes había nacido, al menos en su hermosura eucarística; y no nacerá como va a nacer en este rincón del cuerno de África la noche de Navidad en otra Eucaristía porque la más cercana a nosotros se celebrará a más de mil quinientos quilómetros de distancia. Tremendo misterio, inmenso honor el nuestro.

¡Que humildad la de Dios y que privilegio inmerecido el nuestro! ¡Qué inmerecido honor para este indigno sacerdote, el de ser “partero de Dios y partero de su Madre bendita” en estos desiertos interminables, perdidos en un inmenso océano de miseria y soledad.

Al caer esta noche santa pienso en todos vosotros, los que con tanto cariño y generosidad nos habéis ayudado a llegar hasta aquí con vuestras oraciones y sacrificios, vuestras donaciones económicas y vuestras palabras de aliento. Tampoco sin vosotros hubiera podido nacer Dios aquí, porque sin vuestra ayuda, jamás hubiéramos podido llegar a esta misión las hermanas y yo. Por eso, al acercarse la noche gloriosa de Navidad, doy gracias  a Jesucristo por haberos puesto a todos vosotros en nuestro camino, por tocar con inmensa generosidad la bondad de vuestro corazón.

Qué honor poder decir al final de la vida, cuando se haga el recuento de todas las cosas: “yo pude ayudar a que Dios naciera donde nunca antes había nacido, para que quienes no le conocían, vieran la luz, la única luz, la verdadera y eterna luz, la que brota incontenible del corazón de este Dios recién nacido!

A primeros de año regresarán las hermanas a sus misiones de origen y yo volveré a la mía de Gode; pero no volveremos las mismas personas que hace meses pusieron su tienda entre estas maravillosas tribus de nómadas con el anhelo único de gritar con nuestra entrega que: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su único Hijo”.

Aprovecho esta carta para poneros al corriente de los demás proyectos.

Escuela de Kalafo: Como sabéis, a finales de octubre inauguramos la escuela de Kalafo, con la presencia de nada más y nada menos que de ¡cuatro obispos! (¡donde hace apenas unos años, ni siquiera había llegado un sacerdote!); la ceremonia fue presidida por nuestro Obispo, Mons. Woldetensae Gebreghiorghis, OFM, Cap. Fue un momento inolvidable para los cientos de moradores del poblado de Ma’aruf, así como para las autoridades locales y las cinco hermanas Misioneras de la Caridad que nos honraron con su presencia.

La escuela esta funcionando a pleno rendimiento con las cuatro aulas totalmente abarrotadas de alumnos, incluidas algunas madres con sus niños a la espalda. También dispone el centro de una habitación para farmacia y otra para dispensario médico, donde las hermanas han realizado varias jornadas en favor de la población enferma, trayendo ellas mismas los medicamentos desde Addis Ababa.

Tal ha sido el éxito de esta obra, que las autoridades regionales se han acercado a mí para entregarme propuestas de nuevas escuelas en pueblos mucho más grandes que carecen de locales que sirvan de centros educativos. Es verdaderamente extraordinario que sean las mismas gentes y sus gobernantes –todos musulmanes somalíes-, los que se acerquen a la Iglesia para solicitar este tipo de ayuda. Veremos con calma las posibilidades de colaborar con la población más indigente en el área de educación y salud en el futuro.

El centro Nutricional y Educativo de Gode: Como sabéis, desde el mes de octubre me han acompañado Pablo y Rafa, dos magníficos arquitectos valencianos, miembros del Camino Neocatecumenal, que durante estos meses se han dedicado con admirable empeño a mejorar el diseño del proyecto, así como a todo lo referente a los cálculos estructurales.

Si bien es verdad que en esta parte de la tierra todo discurre con desesperante lentitud (lentitud que a veces desespera e incluso desanima un poco a quienes nos ayudan), sin embargo, su tenacidad y profesionalismo han hecho posible que tengamos un proyecto estupendo; en estos próximos días comenzará su ejecución. Os iremos contando el devenir de los acontecimientos a este respecto, para que con nosotros os podáis alegrar al ver florecer el desierto en verdaderas obras de amor, que con la ayuda de todos, haga posible que estas gentes –sobre todo los niños- tengan una vida más digna, más propia de los hijos de Dios.

Nada más, gracias con toda mi alma por vuestra extraordinaria generosidad que en este último tiempo ha sido incluso sorprendente. Os prometemos una oración muy especial esta noche en el pesebre somalí de estas pobres gentes. Rezad también vosotros para que los misioneros no nos cansemos de amar ni nos desanimemos ante los incontables contratiempos de esta durísima vida.

Y por si os sirve la anécdota de un día cualquiera en la vida de la misión, “de muestra vale un botón”: el miércoles 14 de diciembre, salíamos desde Kalafo de vuelta al campamento de Gudere con seis Misioneras de la Caridad (incluida la hermana regional), el Padre Donald Haggerty, amigo mio de Nueva York y que ahora trabaja en Addis, mi fiel Ahmed y dos militares con sus respectivas AK-47 para nuestra seguridad personal, tal como exigía el Coronel de las Fuerzas Armadas etíopes; por si once personas no fueran bastante carga, llevábamos casi cuatrocientos kilos de suministros en la baca del vehículo.

Salimos a la ocho de la mañana, habíamos de recorrer ochenta y seis infames kilómetros usando el doble diferencial (4X4) en todo momento. A mitad de camino pinchamos y después de otros tantos kilómetros volvimos a pinchar y… allí nos quedamos tirados, en medio del desierto, sin un alma en el horizonte, sin nadie que pasara por allí.

Llevaba el teléfono satélite para emergencias pero de nada servía porque las Fuerzas Armadas estaban moviendo tropas y habían cortado todas las comunicaciones por teléfono en Kalafo, Gode y alrededores. Teníamos sólo unas cajas de galletas y dieciocho litros de agua (¡contados uno por uno!). Estábamos a más de 40ºC. Yo llamaba y llamaba a quienes pensé que podían ayudarnos y por fin conseguí contactar con un buen amigo de la ONU en Addis que llamó por radio a Gode para que nos enviaran asistencia y… empezaron a pasar las horas allí tirados sin comida y ya apenas sin agua (dieciocho litros entre once personas duran con esa temperatura bastante poco, os lo aseguro)… y siguieron pasando las horas mientras que nosotros mirábamos el horizonte por si veíamos la polvareda del rastro de algún vehículo.

Empezó a anochecer, encendí las luces del coche e hicimos una fogata inmensa para que pudieran vernos en la distancia, hasta que, al fin, a las ocho de la noche vimos llegar dos todoterreno de la ONU en nuestro auxilio y ¡de vuelta a Kalafo! de donde habíamos salido esa mañana.

Al día siguiente, iniciamos de nuevo la marcha, con más agua (¡por si acaso!) camino del campamento y llegamos sin novedad (tuvimos un solo pinchazo).

Os confieso que aquel día y según pasaban las horas yo rezaba todo lo que podía y creo que en algún momento se me debió escapar alguna jaculatoria bastante poco cristiana tipo: “Señor, ¡no te pases!”; claro que seguro, seguro que de esas todos hemos dicho alguna vez alguna… ¿no?

¡Feliz Navidad y Año Nuevo 2012 a todos!

Firma

Padre Christopher Hartley

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