07 oct 2012

Carta desde el desierto – Navidad 2012

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«Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor
consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: “Me ha
abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.” ¿Es que puede una madre
olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues,
aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Te llevo grabado en la palma de mi mano.»
Isaias 49: 13-16.

Queridos amigos de la misión.

Queda muy poco para que sea Navidad; para que Dios ponga para siempre su tienda entre nosotros y acampe en nuestro barro para hacerse amigo y compañero, caminante de nuestros caminos y senderos. Pobre entre todos los pobres; solo con todos los solos; santo entre todos los santos; para ser nuestro, total e irrevocablemente nuestro. Dios de nuestras soledades; para que seamos tuyos, solamente tuyos, totalmente tuyos. Tú que eres nuestro para siempre.

Es Navidad, la locura de un Dios hecho carne; barro de nuestro barro, como el polvo del camino y la luz de las estrellas; caminito de Belén sendero desconocido y tan aparentemente incierto; radiante en la fría noche guiadora de buscadores e inquietos peregrinos, de aquellos que no se conforman sino con el todo para el que nacieron; navegantes solitarios, caravanas de nómadas del viento; susurro y vendaval. Sinfonía de Dios en mis adentros, partitura desconocida de incierta melodía y metáfora sorprendente; armonía viviente, sobrecogedora en su alabanza… ¡Navidad, la venida de un Dios tan… sorprendente!

Niño de mi alma, vida de mi vida, corazón de mi corazón… Niño que con tu pequeña nada has llenado y colmado y rebosado totalmente la nada de mi pobre y fugaz existencia. Niño de jazmines, de rosas y azucenas; niño y manojo, flor y canto de azahar, entre los dulces abrazos de una Madre y todo lo hermoseas con lágrimas de azalea, de terciopelos y rosas esmaltados.

Navidad, en el desierto, navidad en esta bendita tierra, de camellos y caravanas de cunas y pesebres, nacerás como la luz de oriente, la que cada jornada me despereza. Nacerás, de José y María; del Espíritu y el Padre; nacerás para que la Iglesia, hasta el último confín alcance.

Cruces en los aviones: Con mi manojo de crucecitas embarco siempre en los aviones, cruces labradas tras las rejas del Carmelo de la Encarnación de Ávila. Las azafatas al verme misionero siempre me susurran su fe y me preguntan si no tendría una “meskal” (cruz), y se alegran cuando hecho mano de mi zurrón y comparto con ellas y los pilotos, las cruces que con manos de amor en los claustros se tallan en solitarias celdas. Me sobrecoge que en tierras musulmanas una crucecita de madera al cuello pueda producir tanto asombro y alegría. Oh cruz, bendita seas!

La visita del pastor: A finales de noviembre nos visitó nuestro obispo, Mons. Woldetensae Gebreghiorghis, OFM, Cap. Acompañado del equipo de HCS/Rescate que colabora en los diferentes proyectos que estamos ejecutando en la zona. Fue para mí una gracia extraordinaria, porque el obispo me confirma en la fe y me entronca en la comunión de la Iglesia única. El obispo y yo oramos juntos, concelebré con él la Santa Misa por la que Dios se hace presente y santifica y fecunda estas áridas tierras.

Con él visitamos los diferentes proyectos, saludamos a las autoridades, firmamos convenios con los ingenieros y constructores de las diferentes infraestructuras de la obra evangelizadora de la Iglesia, de tal manera que a partir del mes de enero habrás muchas obras en ejecución, obreros, cemento, ir y venir de gentes… como dice el himno: “te está cantando el martillo… que sudoroso y sencillo te pones a mediodía… Dios de esta dura porfía”. Que en medio de los cascotes, ladrillos y escombros sepamos ver las piedras vivas de este templo vivo que no ha sido levantado por mano de hombre.

Sin duda que uno de los momentos culminantes de esta visita ha sido el encuentro que mantuvimos con los sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa Etíope; verdaderamente nos acogieron con enorme respeto y cariño fraternal. Fue un encuentro muy emocionante, en el que nuestro obispo pudo constatar de primera mano la cercanía que mantengo desde que llegué a Gode. Me maravilló ver como la oración, el respeto mutuo, el mismo amor a Cristo y la pasión por vivir el mismo Evangelio nos había hermanado más allá de cualquier división. Aún recuerdo – y ellos se lo hicieron saber a nuestro obispo – como rezaron y oraron intensamente por mi sanación, cuando tuve el accidente el año pasado que casi me cuesta la vida. Son esos pequeños puentes ecuménicos que nos unen más estrechamente, más allá de históricas y tristes divisiones.

Retiro en Adviento: Una de las novedades de este año ha sido la tanda de Ejercicios Espirituales que me invitaron a predicar los sacerdotes y religiosas italianos… ¡en italiano! Ya tiene que ser pobre una Iglesia para que me pidan a mí que apenas nada recuerdo de esa lengua que predique casi una semana entera de retiro con la homilía de las Misas incluidas.

Sin duda que para mí ha sido una experiencia inolvidable, porque más allá de la pobreza de la lengua, ha sido para mí un privilegio poder escuchar los testimonios de estos sacerdotes y monjas que llegaron al país tras recorrer caminos imposibles, en barcos de vapor, soportando un sinfín de penurias y dificultades, con el corazón rebosante de alegría misionera, rumbo a lo desconocido… Tuve en el retiro ejercitantes que han pasado largo años en Eritrea, Kenia, Somalia, Yibuti… sine energía eléctrica, durmiendo por tierra, bajo las amenazas de las fieras, sin caminos, sin… ¡nada! Celebraré esta Navidad asombrado y sobrecogido por estos gigantes cuyas huellas han dejado suecos indelebles al evangelio de Jesús, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Gracias a mi Iglesia Madre de Toledo: Que duda cabe, que la experiencia más extraordinaria de este final de año ha sido la visita a Toledo, invitado por la Delegación Episcopal de Misiones. La visita y comida compartida con mi Arzobispo, Don Braulio Rodríguez Plaza; la presentación del libro escrito por mi amigo Jesús García en el palacio de Benacazón, la charla en el colegio de la Parroquia de Illescas; la charla a los niños del colegio Medalla Milagrosa de las Hijas de la Caridad de Toledo, las entrevistas en la COPE de Toledo y en TV Diocesana Santa María, supusieron para mí una gracia extraordinaria y una ocasión maravillosa con la que podar dar las gracias a la Iglesia de Toledo, a través de la cual estoy entroncado en la Iglesia Universal y de la que soy misionero, con mucho orgullo y gratitud. Mi agradecimiento para mi querido Sejo y para Fernando que hicieron posible este día inolvidable.

Gracias a quienes nos dan a manos llenas: Esta noche santa, ante el pesebre del niño Jesús, nacido para nuestra salvación, daremos gracias por todos vosotros que estáis suscritos a la Fundación Misión de la Misericordia. Gracias en nombre de Jesús Bendito a todos vosotros por vuestra extraordinaria generosidad; gracias por vuestras oraciones y sacrificios, por vuestras palabras de aliento y por vuestros correos de ánimo.

Gracias las instituciones que nos ayudan: a la AECID; Fundación Entrecanales; Alianza 68; Ferrovial, la Comunidad de Madrid; Bankia, Fundación Telefónica y tantas otras instituciones que colaboran con nuestros proyectos en favor de la Región Somalí de Etiopía.

Ante el Sagrario de la misión os ponemos a todos y ante la cuna del Niño Jesús, por todos vosotros oramos y damos gracias.

Os bendice de todo corazón.

Firma

Padre Christopher Hartley

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