01 oct 2012

Carta desde el desierto – Octubre 2012

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Esas pequeñas cosas

Queridos amigos de la misión.

Cuantos más años pasan en la misión, más hondamente convencido quedo de que la vida, la vida de todo misionero, se va fraguado en el entretejer de muchos acontecimientos, aparentemente simples, casi imperceptibles, intrascendentes en sí mismos, fortísima argamasa de una vida, una existencia, el cimiento de una obra invencible. Misterio imperceptible que únicamente el corazón creyente puede captar en su plenitud. Es de eso de lo que quiero hablaros en esta carta, de esas pequeñas cosas a través de las cuales más elocuentemente habla Dios.

“Padre, soy católico…” Son las tres palabras más maravillosas que yo jamás haya escuchado en estos cinco años de vida misionera en África. Cuando estás desprevenido, cuando menos te lo esperas, en el lugar más insospechado… alguien se te queda mirando y sólo por verte con una camisa negra y una tirilla blanca, por vestir ¡cómo Dios manda! Se te acerca alguien, un hombre, una mujer, etíope, somalí, extranjero y te dice: “padre, soy católico, no sabía que estaba la Iglesia Católica presente aquí en Gode ¿tiene usted una capilla…?”. Os juro que en ese momento te da un vuelco el corazón, se te pone un nudo en la garganta y si te descuidas, se te caen dos lagrimones. Sólo quien ve arena y más arena todos los días, únicamente quien vive rodeado de musulmanes por los cuatro costado, sólo quien se despierta cada mañana con los vozarrones de los altavoces de una religión extraña a las 4 de la mañana cuando aún no ha amanecido, sabe de lo sorprendentemente hermoso que es encontrarse con un amigo, un hermano ¡un creyente!

Es el encuentro con alguien que se sorprende y se alegra de que seas sacerdote católico. Alguien que lo primero que te pregunta es que dónde esta la iglesia católica y que a qué hora es la Santa Misa el próximo domingo.

Quizá la mayoría de los que leáis esta carta viváis rodeados de “católicos” y por ello nunca hayáis experimentado estas cosas. Quizá los que somos católicos, estamos tan acostumbrados a serlo que nos parece los más normal del mundo; sin embargo, el hecho es que aún hoy, hay rincones de la tierra donde a la gente se le hincha el corazón de gozo cuando descubre que en el lugar más remoto e inhóspito, hay un sacerdote católico.

Un rosario en los rayos equis: Estaba medio dormido, como tantas otras ocasiones que he tenido que volar en el pequeño bimotor de Addis Ababa a Gode, el gentío se amontona frente a la cinta de rayos equis y el arco detector. Pasé entre multitud de otros pasajeros de tez morena y ropa típica de este rincón del mundo, hombres y mujeres, niños y ancianos que trataban de embarcar a diferentes destinos domésticos: Gondar, Lalibela, Dire Dawa, Mekele… Empecé a recoger mis pertenecías de la cinta: el cinturón, los zapatos, la mochila, el ordenador, un boli y el rosario… me quedé mirando mi rosario con curiosidad porque junto a él, en la bandeja del siguiente pasajero había ¡otro rosario idéntico al mio! Giré en redondo y frente a frente me encontré a Alain Mubalama. Alain, mi amigo del alma; al verme de frente, se abalanzó hacia mí y a esa intempestiva hora de la mañana nos dimos el más entrañable de los abrazos.

Alain era católico y había trabajado para la ONU en Gode un par de años. Durante ese tiempo participó fielmente en la santa Misa de cada domingo y además fue un verdadero “apóstol de la Eucaristía” ya que cada vez que aparecía alguien nuevo por Gode, le preguntaba sin más preámbulo “¿Eres católico? ¿Sabes que tenemos un sacerdote aquí en Gode y que la Misa es a las 10 los domingos?” Rara era la semana que no viniera acompañado de alguien nuevo. Alain había sido seminarista en Congo de donde era natural.

A todo los que venían a Misa, yo les regalaba una pequeña cruz que les significara como cristianos, y un rosario…

Allí mismo me contó Alain que su hermano acababa de morir y me dijo: “Cuando me dieron la noticia me eché a llorar sólo en mi habitación, y recé por mi hermano con su rosario… Su rosario, padre, era lo único que tenía, siempre me acompaña…”

La más pequeña procesión del Corpus del mundo: Este año pasé sólo el día del Corpus Christi en Gode. Todos los Católicos estaban fuera, por una razón u otra. Pasé la mañana en adoración al Señor en la Eucaristía bendita, en la pequeña capilla de la misión; poco antes de media mañana tras dar la bendición “urbi et orbe” (o sea, a Gode y a estos desiertos y secarrales…) con Jesús Pan de Vida en la pequeña custodia, se me ocurrió una idea: hacer una procesión de Corpus yo solo, en el nuevo terreno donde estamos edificando el nuevo proyecto de la misión. Un terreno enorme de más de siete hectáreas.

Empecé la procesión yo solo, dando la vuelta entera del terreo por la parte exterior del muro perimetral. Iba cantando todos los himnos y canciones a la Eucaristía que pude recordar en ese momento; hacía paradas, rezaba “estaciones” a Jesús Sacramentado, para que con su presencia y su poder “conquistara” y tomara posesión de ese rincón de África, Cristo Pan de Vida, paseando a lo largo de la margen de ese impresionante rio, el Wabi Shebele, como había paseado antes junto al mar de Galilea.

Un campamento de niños en la escuela de Kalafo: Durante el mes de agosto y con la ayuda de cinco estupendos jóvenes, llevamos a cabo el primer campamento de niños en la escuela de Ma´aruf, la que todos vosotros nos habéis ayudado a construir y que en la actualidad educa a 286 niños y niñas de ese poblado.

Mañana y tarde reunían a la enorme chiquillería bullanguera, dividida en varios grupos. Jamás esos niños habían vivido cosa semejante; jamás en su vida les había dado nadie tanto cariño y tanta alegría a cambio de nada; durante diez días, dejaron de ser adultos prematuros y fuero sencillamente eso: niños. Tal fue la conmoción en el poblado, que la logística diseñada tuvo que vérselas y deseárselas para enfrentar un problema inesperado e imprevisto: ¡las madres! Las madres  – que en su mayoría llevaban otro churumbel amarrado a las espaldas – se empañaban con toda la tenacidad del mundo en participar en juegos, bailes, clases, y toda tarea que los misioneros inventaran. Y es que en su mayoría eran poco más que adultas prematuras.

No recuerdo haber presenciado tanta felicidad junta desde hacía mucho tiempo, la llegada de estos jóvenes españoles cada mañana era motivo de alborozo incontenible. Ni la barrera del idioma, ni de la raza, ni de la religión podía detener o cuestionar tanto amor, tanta generosidad, tanta amistad, tan gratuitamente dada y compartida.

Desde este rincón de la misión doy las gracias a Luis, Pablo, Tomás, Andrés, valencianos del Camino Neocatecumenal y a mi sobrino Alexander, por su entrega generosa, por las Misas compartidas al amanecer de cada jornada, por los rezos y las comidas fraternas, por esas partidas de cartas “a tumba abierta” donde parecía que se nos iba la vida en la sobremesa…

Regresé allí un mes después, al ver mi coche, todos los niños vinieron corriendo y ¡que pena en sus rostros al ver que no habían venido estos jóvenes! Me preguntaron por ellos mil veces, me repetían sus nombres, uno por uno. No tuve más remedio que prometerles que el año que viene volverían. Así que ¡el reto está ahí!

Quedé más convencido que nunca de la fuerza evangelizadora del amor y de la amistad sincera. Me impresionaba la fuerza incontenible que se encierra en el corazón de la Iglesia, que es capaz de penetrar en los rincones más recónditos de la tierra a través de la limpia sencillez de unos jóvenes que se toman en serio el Evangelio y vienen a compartirlo con quien no tiene nada.

Obras son amores: Siguen las obras, a ritmo africano pero siguen, esperamos que muy pronto le podamos dar el empujón decisivo a la edificación del Centro Nutricional y educativo de Gode. Hemos tenido que emplear mucho más tiempo y recursos de los previstos para acondicionar el terreno, sobre todo en lo que a la parte de desagües se refiere y es que, a pesar de estar en lugar de sequias endémicas, aquí cuando llueve, los destrozos que causan los aguaceros son terribles. En estos años anteriores, veía el daño que la lluvia iba a causar a los nuevos edificios en los años venideros, por la erosión que la lluvia producía.

Gracias a todos por vuestra extraordinaria generosidad, seguro que muy pronto os podremos dar buenas noticias respecto a nuestro soñado centro para niños, jóvenes y mayores. De manera especial, gracias a nuestro queridos amigos de Alianza 68, a la Fundación Entrecanales, BANKIA, Fundación Telefónica y a todos cuantos nos ayudan con tanta fidelidad.

Proyectos de desarrollo de la Iglesia: Como sabéis, desde hace más de un año, el obispo de Harar envió a un equipo de HCS (la Caritas local) para desarrollar con fondos del gobierno español, un proyecto de desarrollo agrícola para beneficio de casi mil familia de los alrededores de Gode, con el fin enseñarles a cultivar, facilitarles bombas de agua que les permitan utilizar el caudal del rio para tareas de regadío. El programa ha sido un éxito. Ahora, con casi 200,000 EUROS de la Comunidad de Madrid, esperamos poder ampliar dicho proyecto y así llegar a más familias que poco a poco iremos organizando en cooperativas.

Estas sencillas gentes están agradecidísimas por la labor de la Iglesia Católica que, con la colaboración de la ONG española RESCATE, ha hecho suya su causa y tan decisivamente está contribuyendo a que puedan salir de esta miseria endémica que no les permite vivir con la dignidad de hijos de Dios.

Una oración por caridad: El 8 de noviembre de 1982 fui ordenado sacerdote por su Santidad el Papa Juan Pablo II en Valencia, por tanto, el mes que viene se cumplen 30 años de mi ordenación, os ruego una oración que diga lo que diga lleve incrustada la palabra GRACIAS, que es lo único que puedo decirle a Dios tras tantos años de tanto inmerecido amor.

Gracias con todo mi corazón por vuestra continuada generosidad y si alguien siente en su corazón la invitación de domiciliar su donación a la cuenta de nuestra pequeña Fundación, aquí tenéis los datos para poder hacerlo.

Os aseguramos, como siempre, nuestra oración ante el Sagrario de la misión, desde aquí, Jesucristo, misionero del Padre renueva el mundo cada día; a Él le doy las gracias por todos y cada uno de vosotros.

Firma

Padre Christopher Hartley

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