10 mar 2000

Carta desde la Misión (10) – Si se pudiera crucificar a un niño

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Estamos en Año Santo, Jubileo del 2000 de la encarnación del Hijo de Dios, el Dios que se hizo hombre para morir y resucitar por amor al Padre, por amor a los hombres. Llegamos al final de otro éxodo cuaresmal. Caminamos todos, nos demos cuenta o no, hacía el Gólgota. A nuestro lado hay mucha gente a punto de ser sacrificada. Cristo tiene infinitos rostros. Todos hemos visto muchos de esas semblanzas del crucificado… ¡yo veo tantas todos los días! Ante cada una de ellas quisiera arrodillarme y pedir perdón. Limpiar una lágrima, el sudor, la sangre…

Os presento dos cristos pequeñitos, de tez morena como la noche, son sólo niños, dos niños pequeños. Aquí, en estas tierras de caña y de sol hemos crucificado a dos pequeños cristos. Con sólo nueve años ya les ha pasado de todo. Sólo el amor de Dios les puede resucitar, puede redimir tanto dolor tanto sufrimiento cruel, innecesario, injusto.

Era a finales de diciembre y en los partes de la emisora de radio local se anunciaba que la policía había encontrado un niño de nueve años perdido por unos bateyes del municipio de Consuelo de la provincia de San Pedro de Macorís. Llevaba tres días “arrestado” en la comisaría local esperando a que alguien viniese a reclamarlo. La radio repetía que el niño era del batey Gautier del municipio de San José de Los Llanos. Después de mucho hablar con él y ganarse su confianza el niño decía que se llamaba Jonathan, que todos le llamaban “mosquitero” y que él se quería ir a casa de “el padre”.

Finalmente la policía lo entregó al Tribunal Tutelar de Menores de San Pedro (mucha palabra para poca institución). Afortunadamente acababa de ser destinada allí la doctora Brugal con quien había trabajado yo en la cárcel de San Pedro de Macorís. El niño repitió hasta la saciedad delante de ella: “quiero irme con el padre de mi iglesia”. Al preguntarle ella que cómo se llamaba le dijo: “Christopher”. No contenta con eso le preguntó que le dijera algo de ese padre, a lo que contestó: “tiene una camioneta azul que siempre va llena de lodo y yo se la limpio”.

Finalmente pudo localizarme la doctora y con varios miembros de la comunidad de Gautier fuimos a buscar al niño. Al entrar donde estaba, se le iluminaron los ojos a este niño de ascendencia  haitiana y de piel muy morena. Le dimos algo de comer que lo devoró en dos bocados y tras firmarme el documento correspondiente, la juez me entregó la custodia legal del niño.

Regresamos a Gautier con la pretensión de devolver el niño a su madre y cual no fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que su madre se había marchado a la capital. Fue ahí cuando Jonathan nos dio los detalles de porqué se había escapado de su casa. Nos contó que su madre se había marchado a Santo Domingo y para que el niño no se quedara dando vueltas por la calle lo había dejado atado (habéis leído bien) con una cadena. Desesperado por soltarse y haciéndose cada vez más daño, decidió pedir ayuda. Vino un amigo suyo, Tipapí, igualmente haitiano e igualmente abandonado y callejero y le pidió que le orinara encima del pie. Con eso pudo deslizar la cadena y escaparse.

Convenció a un motorista que pasaba por la carretera (estas cosas pasan por estos lares) de que le llevara “a casa de el padre” y sin saber cómo, apareció perdido por unos bateyes muy distantes.

Localicé también al tal Tipapí, “compañero de fatigas y fechorías” de Jonathan, del que en repetidas ocasiones me habían hablado en Gautier y a quien algunas veces había visto merodeando cerca de la iglesia. Vivía en un cuartucho de un barracón infame de picadores de caña con un viejo inválido que decían era su padre y que a mi me parecía biológicamente imposible. El viejo me rogaba que me llevara al niño. Sin apenas darme cuenta tenía a dos niños de nueve y diez años y no sabía esa tarde qué es lo que iba a hacer con ellos. Consciente de que no podía dejarlos en Gautier sin más los subí en la famosa “camioneta azul llena de lodo” y así me presenté en San José de Los Llanos. Afortunadamente allí estaba Marina, la misionera de Toledo que había venido a pasar un año con nosotros. Me fui directamente a su casa y le anuncié: “Marina, aquí tienes dos hijos”.

Para nosotros era como una aparición la llegada de estos dos niños. Nunca se habían bañado en una ducha ni se habían puesto ropa limpia. Era ya de noche. Les dimos de cenar y parece que su estómago era un pozo sin fondo. Comían y comían sin parar hasta que uno ya no pudo comer más y preguntó: “y ¿mañana también nos van a dar de comer?”  Buscamos sábanas limpias entre los vecinos y finalmente los logramos acostar. Les regalé una imagen pequeña de la Virgen a cada uno de ellos, la pusieron en su mesilla de noche. Jonathan le puso dos moneditas a la imagen y nos dijo: “es para que la virgencita cuide a mi mamá en Gautier! (su mamá es la que le había atado con una cadena…), así son los niños… ¡Ay, si fuésemos como ellos!

En menos de un mes encontramos un matrimonio que se decidió a llevar a Tipapí a su casa y adoptarlo. Jonathan seguía en casa de Marina. Así han empezado a su nueva vida en Los Llanos. Por la mañana van al pre-escolar y centro nutricional que tiene la parroquia en el barrio de La Palma. Allí además desayunan y comen a mediodía. Se bañan y se ponen su uniforme de la escuela y marchan al colegio público hasta las 5 de la tarde.

Por fin, hace una semana, un matrimonio maravilloso de Santo Domingo se ha hecho cargo de Jonathan. Ha encontrado una familia, un hogar, una tonelada de cariño, respeto, su dignidad robada desde el día en que nació en este valle de lágrimas.

A Jonathan y a Tipapí les ha pasado de todo: múltiples adultos han abusado sexualmente de ellos de una manera tan brutal que hasta tuvimos que hacerles la prueba de la tuberculosis y del SIDA. Han sido objeto de los más degradantes abusos que mente humana pudiera imaginar, han pasado hambre desde el día que nacieron. Con seis años ya les mandaban a Boca Chica con su cajita de limpiabotas y luego les quitaban hasta el último centavito que habían podido ganar. Aunque os cueste creerlo, han sido arrestados por la policía en numerosas ocasiones en las redadas que se hacen para limpiar las zonas turísticas de “gente local” que deteriore la imagen de esas zonas reservadas para extranjeros con dólares (¡qué pocas veces se llevan a las prostitutas a quienes los turistas buscan como pedazo de carne que devorar!).

Arrodillémonos ante estos modernos calvarios donde hoy son crucificados tantos hermanos nuestros. Hoy, en el Gólgota de Gautier había crucificados dos pequeños cristos, dos cristos con rostro y cuerpo de niño. Por la humilde labor de la Iglesia estos dos ya han sido bajados de la cruz pero ¡quedan tantos! Rezad por nosotros, para que la caridad de la Iglesia pueda seguir haciendo presente el misterio de la redención. Jesucristo subió una tarde de Viernes Santo al madero santo de la cruz para que nadie más tuviera que quedar allí clavado. ¿Por qué estaban esos dos niños crucificados? Porque todavía no ha sido capaz la Iglesia – 2000 años después – de llevar la potencia redentora de Cristo a los últimos rincones de la tierra. Precisamente por eso existe hoy la obra misionera de la Iglesia, para que la redención, la resurrección llegue a todos los hombres.

Otras noticias: La iglesia de Gautier está prácticamente terminada ¡por fin, y gracias a todos vosotros! Pronto vendrá el obispo a consagrar el templo.

La casa de los misioneros – que queremos llamar “Santa María de Galilea” sigue adelante con apuros económicos y angustias por la escasez de fondos. Como quiera, ya se ha levantado el segundo piso y esta semana esperemos que vengan a vaciar el hormigón del techo. Por la escasez de los fondos que nos van llegando estamos tratando de terminar al menos el primer piso (13 habitaciones) para la llegada de los misioneros en julio. Meteremos dos literas en cada cuarto si es necesario, según el número de gente.

¡Necesitamos muchos misioneros! este año para poder responder a los desafíos que nos lanza la misión. Tratad de animar a muchos a ser valientes. Recordad que a quien le interese, habrá un retiro para todos los que vayan a venir el 27 y 28 de mayo en Madrid dirigido por Don Juan Esquerda Bifet que viene de Roma. Para cualquier información relacionada con la misión, por favor, ponerse en contacto con Teresa Parladé: (609) 17 11 97 o por correo electrónico: misionmisericordia@teleline.es Os daremos la información necesaria.

¡SOS! Necesitamos más gente que quiera seguir comprometiéndose a ayudarnos económicamente para terminar la casa de los misioneros, reconstruir las capillas que se cayeron durante el ciclón y abrir dos nuevos comedores para niños desnutridos.

Nada más, rezad muchísimo por nosotros para que lo hagamos todo con inmensa alegría (¡eso quiere decir “jubileo”!), con todo el amor de nuestro corazón, con esperanza inquebrantable y un grandísimo deseo de agradar a Dios en todo.

Este Año Santo es todo de María, su FIAT a Dios hizo posible la redención, a ella le encomendamos estos pequeños esfuerzos apostólicos.

Os aseguro, como siempre, una oración y un recuerdo especialísimo ante el Sagrario de la misión.

Firma

Padre Christopher Hartley

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