18 sep 2000

Carta desde la Misión (11)

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Queridos amigos de la misión.

¡Que alegria cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!

Lo que parecía un sueño inalcanzable se ha hecho ¡por fin! realidad. El 30 de Agosto del Año Santo del 2000 nuestro obispo Mons. Francisco Ozoria consagró nuestra  iglesia de Gautier bajo la advocación de Santa María Madre de la Misericordia.

Fue una tarde inolvidable, una página arrancada de los santos evangelios. Ya durante su visita pastoral allá por Mayo del ´98, nuestro obispo – que celebraba la santa misa bajo una lona sujetada con cuatro palos y unas pobres sogas – dijo al mínimo grupo que allí se había congregado que: “un día construiremos un templo pero el templo que de verdad desea el Señor está hecho de piedras vivas”. Pues hermanos, piedras vivas le dimos y no para hacer una capillita sino para una auténtica catedral.

En esa misma celebración tuvimos 150 bautismos, 80 primeras comuniones y 85 confirmaciones de pequeños, jóvenes y mayores venidos de los cuatro rincones de nuestra inmensa parroquia. Tendríais que ver las riadas de gente llegar de los más remotos bateyes y campitos para participar en la consagración de la nueva iglesia y para acompañar a los jóvenes que iban a recibir los sacramentos. Eran tantos los que recibieron sacramentos ese día que el Señor Obispo tuvo que autorizarnos al P. manel Homar y a mí a bautizar y confirmar simultáneamente con él

Ese día fue la culminación de un camino largo de evangelización por parte de muchos: los misioneros venidos desde España durante tres veranos consecutivos; los catequistas y evangelizadores que desde Los Llanos fueron tarde tras tarde subidos en cualquier medio de transporte y tanta gente maravillosa que fue sembrando la semilla del evangelio de Jesús en los corazones de las gentes de Gautier y los demás campos y bateyes de alrededor.

Era imposible no recordar los comienzos de la Iglesia Católica en esa comunidad. Hacía más de diez años que allí no se había celebrado la Santa Misa o ningún otro sacramento cuando empezamos. En la primera Misa celebrada en la escuela aparecieron cinco heróicas mujeres, las únicas católicas que quedaban y que cuando sus pobres economías se lo permitian se acercaban a pueblos de la diócesis vecina donde habían oido que podía haber Misa.

Atras quedaban las Misas al aire libre en el patio de Doña Justa ¡cuantas veces tuvimos que correr a refugiarnos cuando llovía en medio de la celebración! También las reuniones en la calle con velas, candiles y linternas para ir animando las pequeñas comunidades de oración, la incipiente catequesis, los grupos de jóvenes que iban surgiendo… ¡qué maravilla y que alegrá ver como cada noche eran más los que se iban adhiriendo a la fe y a nuestras pequeñas comunidades! ¡cuanto entusiasmo entre tanta pobreza! ¡cuantos recuerdos hermosos del nacimiento de la Iglesia! ¿acaso sería así en los Hechos de los Apóstoles en el nacimiento de las comunidades de Corinto, Efeso, Tesalónica…?

Pienso en tantas personas que se entregaron y se esforzaron con grandísima generosidad y que no pudieron asistir a esa inolvidable tarde. Pienso en los primeros jóvenes misioneros españoles que fueron quienes araron y rompieron los primeros surcos para la siembra de la Palabra de Vida; pienso en las “doñas” de Los Llanos que con sus Biblias debajo del brazo, venían tarde tras tarde a compartir la fe con quien había recibido menos. Algunas de ellas ya han marchado a la casa del Padre y allí seguro que habrán disfrutado de lo lindo viendo el coronamiento de sus esfuerzos.Qué cierto es que: “uno siembra y otro cosecha…” En apenas tres años esas semillitas de Evangelio se propagaron como un incendio con el fuego del Espíritu.

Esas gentes que primero estaban asustadas y acobardadas enseguida se lanzaron por los caminos y carriles de polvo de lodo y de barro y ellos mismos, los de Gautier, empezaron a sembrar la Iglesia y a formar nuevas comunidades en los capos y bateyes de al rededor suyos y fueron naciendo: La Luisa, la Redonda, la Mula, Magantillo, San José, Cayacoita, Peso en Medio… Cada jueves y cada domingo salía la camioneta de Gautier repleta de jóvenes y mayores, llenos de una incontenible alegría, cantando y riendo con sus Biblias y catecismos dispuestos a proclamar a Cristo vivo y su amor a los hombres. Es verdad que regresaban al final de la jornada reventados de cansacio, sudorosos, sucios de tanto barro salpicado y doliéndoles hasta el pelo de tantos botes y vaivenes por ir apretujados en la cazuela de la camioneta. Esas gentes eran felices. Haber conocido el amor de Dios les había hecho felices, con una alegría que sólo podía venir de la presencia de Jesús en sus vidas.

¡Bendito sea Dios que hace tales maravillas con tan pobres colaboradores! ¡Gracias, gracas, mil gracias de todo corazón por haber ayudado tan generosamente con vuestras oraciones, sacrificios y donativos!

Morir de hambre: Ni que decir tiene que no todo en la misión son brincos de alegría. Durante el tiempo en que han compartido con nosotros los misioneros venidos de España estos meses de misión, hemos tenido oportunidad de vivir muy de cerca el misterio de la pasión de Cristo junto a Jesús abandonado. En el batey de Sabana Tosa, una jóven madre haitiana había dado a luz a un par de mellizos.

Las condiciones de vida de ese batey son verdaderamente deplorables. Para cuando los misioneros fueron a socorrer a esa madre, era muy poco lo que se podía hacer y menos en nuestro rudimentario hospital de Los Llanos. Era angustioso ver a esa pobre madre con los mellizos en brazos, desesperada buscando comida, medicina y algún auxilio.

Por más que se trató de ayudar, ya era demasiado tarde. Uno de los dos murió un domingo por la mañana. El diagnóstico médico: desnutrición. Que no es sino una manera muy elegante de decir sencillamente: hambre.

En cuanto se supo la noticia de la muerte, vinieron a avisar a los misioneros. Ellos marcharon inmediatamente al batey y vieron como unos pobres hombres desarmaron una mesa destartlada y con otras tablas por allí tiradas, improvisaron una cajita para el pobre bebé. Llovía torrencialmente en los Los Llanos. Fuimos todos al cemeterio. Allí estaban unos pobres hombres haitianos, descalzos, cavando el pequeño hoyo para la caja. Nosotros, alrededor, estabamos como paralizados, sumidos en nuestros pensamientos y oraciones, tratando de comprender lo incomprensible, intentando encontrar el sentido a lo que sencillamente no tenía explicación. Mientras, la lluvía nos empapaba a todos, parecía que esa tarde de domingo lloraban hasta los mismo cielos.

¡Morir de hambre! Son cosas de las que uno a oido hablar pero jamás pensábamos que lo llegaríamos a ver. Haber sido testigos de la progresiva angustia de una madre que iba de un lado para otro buscando el remedio a tanta pena. El hambre primero era el de la madre que no tenía ni una gota de leche en su cuerpo con el que amamantar a sus hijos. Incluso llegaron a ver los misioneros como en su desesperación, la madre trataba de darle cucharadas de unos fideos frios y asquerosos a estos recien nacidos. También era angustioso ver la impotencia de los misioneros que trataron de hacer lo imposible por salvar a estos niños.

Los misioneros, por cierto, si lograron salvarle la vida al otro mellizo, gracias a que corrieron al hospital de San Pedro de Macoris y rehidrataron al otro niño. La pediatra no podía dar crédito a lo que veía cuando al preguntar que cuantos días de nacido tenía el niño, le dijo la madre que cinco meses. ¡Hermanos, nadie se debería morir de hambre! Cristo-niño se murió de hambre una tarde lluviosa de domingo en San José de Los Llanos. Nosotros lo vimos y no lo olvidaremos jamás.

Gracias: Aunque las obras de la misión están temporalmente paradas por falta de ayuda económica. En nombre de esta misión quisiera dar las gracias de todo corazón a tantas personas maravillosas y generosísimas que nos han ayudado a construir lo que ya está edificado.

Como sabéis, dependemos completamente de la Divinas Providencia, que es el amor tierno y misericordioso de Dios Padre, que va tocando los corazones de hombres y mujeres de buena voluntad. No tenemos otra ayuda para subsistir que la vuestra. Ponemos, una vez más, nuestra confianza en que Dios nunca abandona a sus hijos.

Con lo ya logrado: Como la mayoría sabéis, hasta ahora hemos logrado terminar el primer piso de nuestra casa de retiros, donde este verano se han hospedado los misioneros. Son trece habitaciones, en cada una hay dos literas con su cuarto de baño. La casa se llama Santa María de Galilea. Aunque es una mínima parte de del proyecto completo, queremos empezar a usarlo para la renovación espiritual de los pobres de la parroquia. Para ello tendremos el primer retiro de fin de semana para chicas, tanto del pueblo de Los Llanos, como de los campos y bateyes.

Las jóvenes han acogido la idea con tanto entusiasmo que hemos tenido que pedirle a las chicas de Los Llanos que se queden a dormir en sus casas para que dejen las cincuenta camas a las chicas que vienen de otros lugares de la parroquia. Como no tenemos cocina todavía, le he pedido a las gentes de Los Llanos que cocinen en sus casas y nos traigan la comida a la parroquia. Empezamos el viernes a las 6pm y esperamos terminar a las 5pm del domingo. Os pedimos de corazón que encomendéis este nuevo programa de actividades de la parroquia. ¡También lo pobres tiene derecho a irse de retiro y tener un tiempo de oración, de reflexión, para escuchar la Palabra de Dios, experimentar su misericordia y discernir la voluntad de Dios para sus jóvenes vidas!

¡Ayudad!: Si alguno de vosotros se siente movido a comprometerse a ayudar con sus donativos, puede domiciliarse en la hoja que adjuntamos. Allí también aparece nuestro número de cuenta bancaría. Como sabéis, ya está constituda la Fundación Misión de la Misericordia, para que quien haga sus donativos en España pueda después desgravlo de su impustos.Recordad que los proyectos que tenemos entre manos son:

a) Terminar la casa de Santa María de Galilea. Falta el segundo piso de la habitaciones, la cocina, el comedor, la capilla y la sala de conferencias.

b) Rehabilitar el barracón que nos han donado en el batey Paloma para hacer otro comedor para niños desnutridos, igual al que tenemos en Los Llanos. También este será para cien niños. En ese mismo barracón haremos la capilla del batey.

c)  Construir la capilla de El Manguito que se cayó con el huracán Georges (ya van dos años). Desde entonces el Santísimo Sacramento que allí estaba desde hace cuarenta años lo tenemos en una diminuta habitación de tablas de madera de palma y techo de cinc.

Nuestro pensamiento vuela a la Santísima Virgen. Habréis visto que todos los proyectos llevan su nombre. Esta humilde misión y las pobres semillas que hasta ahora hemos podido sembrar para con Cristo para ayudar a construir el reino, jamás hubiesen florecido tan hermosamente sin la presencia virginal de María Madre. Ella nos ha guiado a todos como a niños pequeños en la fe. Ellas es verdaderamente Santa María del camino. Nunca estamos sólos, ella va a nuestro lado, nos anima, alienta, corrige, levanta, espera, llevándonos a todos en el entrecruzar de sus brazos junto a su corazón. Esta obra es toda de ella, Señora de las misiones y Madre de la Iglesia.

Ante el Sagrario de la misión a todos os recordamos. Hazdo vosotros también por nosotros.

Con mi más cariñosa y agradecida bendición.

Firma

Padre Christopher Hartley

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