14 oct 2019

“Entremos más adentro en la espesura (de la selva)”

22 de diciembre 2019

Queridos amigos de la misión.

Con toda verdad os digo que al volver la vista atrás, me doy cuenta de que la vida que el

Buen Dios me ha regalado vivir, ha sido muchísimo más apasionante que lo que yo

jamás hubiese podido imaginar… Desde las junglas de asfalto y basura del Sur del

Bronx, a los cañaverales interminables de lodo y fango de la República Dominicana; de

los desiertos de arena y sol abrasador en la región somalí de Etiopía, a las selvas

impenetrables de esta nueva misión en Sudan del Sur.

¡¡Dios mío, que vida, qué aventura!!

Y es que vivo inmerso en un sentimiento de hondísima gratitud por esta inmerecida

vida, por esta vocación que me ha sido gratuitamente regalada.

Como casi todos sabéis, hace tres meses llegué a mi nueva misión, enviado por

Jesucristo y su santa Iglesia. Mi nuevo destino está localizado en la frontera sur de

Sudan del Sur; en la diócesis de Tambura-Yambio, en la frontera con la República

Democrática del Congo y con Uganda.

Los dos pueblos se llaman Naandi (parroquia de San Pedro y San Pablo) y Andari

(parroquia Santísima Trinidad). A 95 kilómetros de Yambio, donde reside el obispo y

sede de la diócesis. Caminos interminables de lodo tropical, charcos que parecen

lagunas, barrizales interminables que se tardan casi cuatro horas en recorrer.

Miro sus caras, contemplo sus rostros y en la mueca de sus prematuras arrugas apenas

logro descifrar todo el dolor y el sufrimiento de un pueblo, de esta recién gestada

nación. Mujeres violadas, niños que no son más que adultos prematuros; mano de obra

barata, infancias arruinadas, y… ¡Y la pobreza más absoluta!

Pocas cosas me enfurecen más al venir a España que, cuando comparto fotos con gente

de aquí y ven algún niño de la misión, descalzo, vestido de andrajos y sonriendo para la

cámara, que me digan imbecilidades tales como: “Que impresionante, seguro que son

más felices que nosotros”; “parecen más alegres que los niños españoles (o

americanos…), si es que es una maravilla ver niños que sin nada son tan felices…” Y a

mí me empieza a hervir la sangre y se me pone cara de vinagre y me dan ganas de decir:

“Pues si te parecen tan felices, ¿por qué no te vas a vivir allí?” Mira que la gente dice

tonterías cuando no sabe qué decir ante tanta miseria…

Cumplo pronto, si Dios quiere, treinta y siete años de ordenación sacerdotal y casi los

mismos de vida misionera. Pocas convicciones han madurado más “a fuego lento” en el

hondón de mi alma, que esta convicción que no se me aparta, de que “ser pobre es

horrible, ser pobre es un infierno, ser pobre y vivir en la miseria, es no ser persona”.

Pocos días antes de venir a España, dije en una de mis homilías que les iba a contar algo

que no me lo iban a creer y… ¡creo que no me lo creyeron! Les dije: “¿Saben ustedes

que en mi país hay gente tan absurda que lleva a sus perros y gatos a la peluquería?” Se

morían de la risa porque estaban totalmente convencidos que era una broma…

Broma sí, de muy mal gusto… la de ver gente con el caniche por la calle con ropa nueva

de perro cuando los 720 alumnos de mi escuela católica de santa Teresa van a clase

descalzos, sin desayunar, con el uniforme hecho girones, agotados por andar por

senderos interminables de selva muchos kilómetros que les hace llegar exhaustos y

hambrientos a una escuela que, más que escuela parece una cuadra o un corral de niños.

Por favor, que nadie se sienta insultado o agredido. A mí me parece que yo estaría

insultando a la gente si solo me importara el donativo que da la gente y no la gente que

da el donativo. Y yo no solo necesito el donativo para los pobres, quiero sobre todo que

el donante se encuentre con Cristo, no a base de adulación sino por una llamada fuerte a

la conversión.

Quisiera en esta primera carta rendir homenaje a los padres, hermanos y hermanas

combonianos, que fueron quienes primero, desde 1912, anunciaron a Jesucristo y su

gracia salvadora en estas tierras de las selvas del África ecuatorial. Fueron ellos quienes

a golpe de machete abrieron la primera trocha, las primeras rutas al Evangelio, fueron

ellos quienes, celebrando la primera Eucaristía hicieron presente a la Santa Iglesia

Católica. Y es que, no lo olvidemos…

LA IGLESIA HACE LA EUCARISTÍA, LA EUCARISTÍA HACE LA IGLESIA

Lo considero un honor que el obispo de estos gigantescos territorios de misión,

Monseñor Eduardo Hiiboro Kussala, me haya confiado estas vastas regiones de la

misión. Y allí llegué a comienzos de junio con un grupo de misioneros, sacerdotes y

laicos y con la ayuda de todos hemos podido convertir, las viejas ruinas de la primera

misión en una casa habitable.

Los comienzos fuero muy duros, desde luego no apta para gente blandengue y delicada.

Vivimos sin puertas ni ventanas, entre escombros y cochambre. Con la alternativa de

una vieja letrina hedionda e infestada de murciélagos, o la de coger el rollo de papel

higiénico (artículo de auténtico lujo jamás visto por la población local) y desaparecer

entre la maleza…

Cocinamos (aún hoy) con leña recogida del bosque, entre cuatro piedras en un caldero

mugriento y la dieta -siempre la misma- de yuca (casaba, mandioca, según los lugares),

mantequilla de cacahuetes, hojas de calabaza, algunas veces piña, plátano, mangos,

maíz, algún huevo…

Desde estas primeras líneas doy las gracias a todos los misioneros que vinieron y espero

seguirán viniendo a ayudar, porque sin vosotros hubiese sido imposible hacer tanto en

tan poco tiempo…

Es verdad que mucho queda por hacer aún tenemos que salir corriendo a cualquier hora

del día o de la noche con barreños y palanganas, a recoger el agua de lluvia que cae de

los tejados para bañarnos, para beber, para cocinar…

Quisiera rendir por este medio, un verdadero homenaje de gratitud a quienes nos habéis

ayudado con tanta generosidad desde hace tantos años. En República Dominicana, en

Etiopía, en Sudan del Sur… gracias de todo corazón por vuestra bondad y

desprendimiento. Gracias a los que rezáis, gracias a los que, desde sus casas, hospitales

y residencias, ofrecen sus dolores del cuerpo y del alma, sus soledades…

Gracias a las almas que viven en el claustro. Las religiosas de clausura. Tantas veces les

he dicho que los misioneros seguiremos de pie mientras ellas -día y noche- sigan de

rodillas.

¿QUÉ NECESITAMOS? Muchos nos habéis preguntado que en qué podéis ayudar.

Como os imaginaréis, nos hace falta de todo, pero ¡tenemos que empezar por algún lado

y no podemos hacerlo todo a la vez! Por eso queremos comenzar por rehabilitar la

escuela. Queremos:

-Construir nuevas aulas (no se puede educar niños cuando tenemos 86 en segundo, 75

en tercero y 68 en cuarto).

-Pintar los edificios existentes.

-Arreglar suelos y techos.

-Poner una cerca a todo el perímetro de la escuela para la seguridad de los niños.

-Pizarras y pupitres (muchos niños aún se sientan en trocos de árboles)

-Uniformes y calzado; libros, cuadernos, bolígrafos y todo tipo de material docente.

-Poner tanques de agua (lo primero y más urgente que me pidieron los niños fue:

“¡WATER!”

-Arreglar las letrinas existentes y construir letrinas nuevas que estén decentes.

-Ampliar el patio de recreo e instalar algunos juegos.

-Tratar de organizar un desayuno escolar. Una sencilla cocina (de leña o carbón).

-Arreglar los tejados y techos para eliminar goteras.

-Oficina del director y sala de profesores.

Nos han dado un presupuesto de un poco más de 50,000 EUROS

¡Necesitamos vuestra ayuda, cualquier donación que nos queráis mandar a través de la

cuenta de la FUNDACIÓN MISIÓN DE LA MISERICORDIA, os lo agradeceremos

con toda el alma en nombre de Cristo en los pobres!

Le encomiendo esta nueva etapa de mi vida misionera a los dos santos más queridos de

Sudan: San Daniel Comboni y Santa Josefina Bakhita. Dos vidas extraordinarias, que

vale la pena que conozcáis.

Al final de la carta tenéis algunas fotos que os ayude a entender la situación de la

escuela.

A la Santísima Virgen María y a San José su esposo, le encomiendo la misión, le

encomiendo mi vida y os encomiendo a todos vosotros.

¡No nos abandonéis ni os olvidéis de nosotros!

Ante el Sagrario de la misión oramos cada día por todos vosotros.

Firma

Padre Christopher

OS RUEGO, POR FAVOR, QUE RENVIÉIS ESTA CARTA A TODOS VUESTROS

AMIGOS, A TODOS VUESTROS CONTACTOS, A TODOS LOS QUE SEPÁIS

QUE NOS HAN AYUDADO Y A QUIEN NOSOTROS NO TENEMOS MANERA

DE CONTACTAR ¡¡SEGUID AYUDÁNDONOS, OS LO RUEGO EN NOMBRE DE

DIOS Y ESTAS POBRES GENTES!!

Para colaborar con la misión de Gode, aquí tenéis los datos.

Titular: Fundación Misión de la Misericordia

Entidad: BANKINTER

Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293

Iban: ES0801280014730100029293

Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX

Visitad por favor nuestras páginas web: http://www.missionmercy.org

Benefactores de la Fundación Misión de la

Misericordia

Rellenar datos y enviar a Marta Zabía de la Mata por email

(martazabia@hotmail.com)

Fecha: …..……. de……………………..de 20……..

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O mediante transferencia individual a la cuenta de la Fundación

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