24 may 2017

Se abrieron las nubes y los cielos llovieron caridad – Carta desde el desierto (21)

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Carta desde el desierto (21)

Mayo 2017

Pascua de Resurrección

Queridos amigos de la misión,

Desde que envié la carta anterior, a primeros de marzo, todos los días recibo multitud de mensajes de amigos y de desconocidos que piden información de cómo ha ido evolucionando la situación. Paso a relataros algunos de los acontecimientos más significativos de los últimos dos meses.

La sequía: Estos dos últimos meses han sido dramáticos y espantosos. Todos los días hemos visto ante nuestros ojos como la situación se agravaba. El hospital de Gode – ya de por si precario y destartalado – no daba abasto para atender las riadas de humanidad que iba llegando, acuciada por la multitud de enfermedades consecuencia de la endémica sequía que venimos padeciendo.

La mayor parte de los enfermos venían aquejados de desnutrición, tuberculosis, infecciones de muy diversa índole derivada de un sistema inmunológico destruido… Sin embargo, con mucho, lo peor, son la cantidad de pacientes, sobre todo niños pequeños, enfermos de cólera.

Es verdaderamente desgarrador ver carretas llegar con los pacientes y ver carretas salir del hospital con la diaria ración de cadáveres camino de un descampado cualquiera para enterrar a sus muertos.

En los últimos quince días me dijo antes de ayer el director del hospital, sólo de cólera, fueron ingresados ciento quince personas enfermas.

Como seguro sabéis, el cólera es una enfermedad peligrosísima y altamente contagiosa. Tanto es así, que ni siquiera deben estar hospitalizadas en el edificio del hospital. Por lo tanto, el hospital ha tenido que habilitar una tienda de campaña enorme sólo para los pacientes de cólera.

Junto al cólera, han aumentado exponencialmente los casos de tuberculosis, otra enfermedad muy contagiosa y que se ceba en la gente desnutrida. Peor aún, se está dando uno de los peores tipos de tuberculosis que es el multirresistente, de gente que por la razón que sea, no se alimenta bien y no sigue el tratamiento hasta el final.

A este hospitalucho, llegan todos los días gente de todo tipo con las enfermedades más horrorosas que yo haya visto.

Es desolador y desgarrador ver a a los niños llegar con todo tipo de enfermedades, sabiendo que en Gode, no hay ni médicos ni medicinas que les vayan a curar. Ahí pasan los días postrados como pequeños cristos
para quienes la única Pascua que van a experimentar es el alivio de la caridad cristiana.
 

Todos los días visitamos el hospital – mañana y tarde – y tratamos de atender a los enfermos más abandonados. Cuando las mismas autoridades del hospital (todos musulmanes) ven pacientes que llegan solos, o en pobreza extrema o ancianos que no tienen a nadie, dicen al médico de guardia: “llama a los católicos que ellos son los únicos que hacen ese trabajo”.

Sobre todo Sister Joachim, la religiosa que colabora conmigo y los voluntarios que van y vienen a la misión, limpian sus excrementos, cambian las sábanas y les cambian la ropa dos veces al día, les hablan, les cantan, les rezan… Es verdaderamente emocionante pensar que la fuerza del testimonio cristiano ha llegado tan profundamente a esta sociedad, que ellos mismos nos identifican, como nota distintiva y característica exclusiva, con la caridad. Para los musulmanes de Gode, no exagero nada, los católicos son los que hacen por los demás, lo que no quiere hacer nadie.

Cuando la hermana limpia las heces, cura las heridas, no hace ascos del olor insoportable de las llagas supurantes, mucha gente se va a acercando y – con todo descaro – se queda ahí… ¡mirando! Y van viniendo otros y a unos metros de distancia se arremolinan a su alrededor y todos se quedan… ¡mirando estupefactos!

No es infrecuente que unos llamen a otros, se cuchichean: “mira, mira, lo que está haciendo esa mujer…” Muchos se acercan y preguntan que si el paciente es pariente nuestro. Nosotros respondemos: “no es mi pariente, es mi hermano”.

Además, ellos mismos saben la respuesta porque saben de sobra que el paciente es musulmán y que la hermana es cristiana con su buen crucifijo al cuello.

Y se van literalmente con la boca abierta y se lo cuentan a todo el que encuentran.

Es lo poco que podemos hacer cada día, en medio de este océano de miseria, pero se nos llena el corazón de alegría por haber podido dar un pequeño testimonio, y así evangelizar desde nuestra propia pobreza.

En días pasados ha venido mucho personal especializado de la ONU por la preocupación que tienen con la epidemia del cólera. Lamentablemente ya se ha pasado el tiempo de lluvia que era todo el mes de abril. Es decir que ya hasta octubre no va a volver a llover.

Para este pobre padre de familia y sus dos hijos, los dos chaparrones que han caído en estos días, no les ha servido de nada para salvar la vida del poco ganado de que disponen.

En este tiempo hemos tenido literalmente dos chaparrones. La lluvia este año ha sido vista y no vista. Mucho nos tememos que al volver a fallar las lluvias de abril la hambruna se agrave mucho más.

Con tanta ayuda: Verdaderamente, en estos dos meses nuestra pequeña misión ha quedado inundada de vuestra extraordinaria generosidad. Y nos hemos puesto manos a la obra, sobre todo en las dos áreas más urgentemente necesitadas de ayuda: agua y medicinas.

En cuanto empezamos a recibir vuestras ayudas, comenzamos a llevar camiones y camiones de agua a las diferentes regiones que nos asignaron las autoridades del gobierno local. Todas las tardes salía con mi camioneta a acompañar a los camiones de agua que recorrían casi 200 kilómetros a los poblados más remotos y vuelta a Gode de noche ya cerrada.

20170321_174624Las gentes de los poblados empiezan a llegar al ver el camión, con sus bestias de carga
 

Qué difícil es explicar con la pobre palabra, la alegría, el júbilo de la gente cuando veían acercarse el camión por la carretera de Gode a Jijiga. La gente corría a sus chozas, embridaba a los animales, los burritos cargados de bidones de plástico; los niños brincaban al paso del camión; la voz se corría de choza en choza a la velocidad de la luz y las gentes sentían que no estaban solas ni abandonadas.

Mientras, los encargados lo preparaban todo para descargar 24,000 litros de agua en los aljibes del poblado. Yo me retiraba un poco, además de para sacar fotos, simplemente para contemplar. Para mirar con el corazón, sintiendo como se me removían las entrañas al darme cuenta que era un sacerdote privilegiado, por haber sido escogido para tan extraordinaria misión.